miércoles, 7 de noviembre de 2007

Los Avatares del No-Mundo

Cuando pienso en los grandes maestros que he tenido, aquellos que me han enseñado no solo mediante la palabra, sino también con el fuego, a esos los recuerdo con mayor admiración. He tenido dos muy buenos padres, grandes profesores en el colegio y universidad, incluso en el básquet tuve un gran profe. Pero no me refiero a ellos en esta oportunidad. No.
Quiero darle un espacio a aquellas historias que el destino puso en mi camino, historias de fuego y palabra, contenidas en grandes series de la animación. A ellas he llamado Avatares, pues para mí son las representantes de sentimientos que me conectan con la divinidad que encarnan, y con el No-Mundo me refiero a la Ciudad de las Metáforas.
Mi memoria es muy malagradecida con aquellos que me han enseñado, y si algo se me pasa por alto, me disculpo desde ya y la edición arreglará las cosas.
El recuerdo más antiguo que tengo es también el más conmovedor. Se trata de la historia de Frankenstein hecha animación japonesa. Si bien la historia me es difusa, tengo plasmada en mi mente la imagen en que el monstruo se encuentra con la hija del doctor. Él la mira con miedo y amor, mientras ella le devuelve una mirada aterrorizada que poco a poco va comprendiendo la calidez del monstruo. Entonces, mientras se comprendían el uno al otro y se conocían a través de sus ojos, llega el Doctor con una escopeta. Estaban los tres en una alta meseta; el Doctor le dispara al monstruo y el protege con su vida a la mujer... se vuelve difuso nuevamente para mí, y solo recuerdo que, de alguna manera, el monstruo cae por el barranco en un acto de sacrificio. Todos nos hemos sentido monstruos alguna vez, pero esta historia me hace pensar que es desición de uno serlo o no.
La película de "La historia sin fin" la vi hace muchísimo tiempo y tal parece que realmente no tiene final, pues una y otra vez se me aparece en mi vida. El ciclo completo del héroe que enfrenta la tristeza, la perseverancia, el valor y el amor. La muerte de su caballo Artax, la salida del pantano poniendo a prueba su fe y voluntad, el enfrentamiento contra Gmork, que representa la "cruda realidad", y finalmente el amor de la Emperatriz, la belleza y calidez maternal que separa inmediatamente el dolor de la dicha. Hoy por hoy, tengo el honor de ser compañero de una mujer dueña de una belleza similar, pero esa es parte de otra historia, probablemente de un poema eterno de elogios y agradecimientos a la vida.
Para mi adolescencia existencial, perfeccionista, atea y estoica: Rurouni Kenshin. Si la historia sin fin representa el héroe desde la perspectiva de un niño, Kenshin lo es desde un joven. La historia de Kenshin, el protagonista, comienza con un acto de rebeldía hacia su maestro. Obtiene tempranamente el poder y tempranamente desea utilizarlo, cual joven impetuoso. Entonces intenta arreglar el mundo, usar su poder para que la gente deje de sufrir, pero al intentarlo mucha gente muere por su mano y se retira arrepentido. La historia de la serie es el camino de su arrepentimiento, usando la espada para proteger a los demás. No solo de asesinos, sino también de que cometan el mismo error que él. Protege a la gente de que sufran un destino como el suyo, lleno de arrepentimiento. La escena que más significado me hace es cuando comprende que el Deseo de Vivir es lo más profundo y oculto y poderoso que posee, y obtiene una nueva fuerza. Aquella que en mi vida iba a llamarse más tarde "Dios". Sí, así de importante fue el aporte de esta serie para mí.
Finalmente, la historia del presente. Mi juventud adulta, un camino que apunta hacia un sueño imposible, pero hecho de ideales alcanzables por el corazón. Y el motor que me mueve hacia allá es la sangre y el sacrificio. Estoy hablando de la serie: Hokuto No Ken, o El Puño de la Estrella del Norte. "En un futuro cercano, el hombre finalmente destruyó su mundo". Los fuertes gobernaban sobre los débiles, y estos eran como sus perros. Entonces, de la unión de los opuestos, surge un salvador. Kenshiro, regido por la estrella de la Rectitud, vaga por el mundo en busca de Julia, su amada, hija de la 6ª estrella del Sur del Amor Maternal. En su camino conoce grandes hombres, sacrificados por lo que aman, viven historias llenas de dolor y de muerte, y acaban viviendo en el corazón de Kenshiro en forma de tristeza, que él transforma en amor para seguir luchando por proteger a los más débiles. Esta historia es para mí el sacrificio que implica vivir por nuestro propio sueño imposible, nuestra utopía. Cuando me siento apoyado por alguien viviendo mi destino, siento algo mas que agradecimiento. Cuando alguien deja de comprenderme, es alguien que ha muerto, pero no me causa tristeza, sino rabia, y no consigo transformarla en amor. Esa parece ser mi meta para esta nueva edad y la clave para poder llegar a la próxima. Pero esa historia debe ser contada en otra ocasión.

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